
Te acaban de dar el alta
Es el mejor momento para empezar y el que más gente desaprovecha. La pierna está lista para cargar y todavía tienes por delante el margen para hacerlo bien.
Málaga y Costa del Sol
Andas bien. Correr, girar y frenar es otra cosa.
El fisio te dio el alta y ahí se acabó el acompañamiento, justo en el tramo donde se decide si vuelves del todo o te quedas a medias. La primera valoración no se cobra.

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Marca las que te pasen
Nada de esto sale en una resonancia, y es justo lo que separa andar bien de volver a jugar.
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Con tres ya no es casualidad, es un patrón. Y no es culpa tuya: nadie te enseñó qué hacer.

Lo que nadie te cuenta al darte el alta
Entre las dos cosas hay meses. El fisio ha hecho su trabajo: la rodilla está estable, la herida cerrada y andas sin dolor. Eso es el final de su fase, no el final del proceso.
Lo que queda es reconstruir una pierna. Después de una operación y de semanas sin cargarla, el cuádriceps de ese lado ha perdido bastante frente al otro. Se ve en el espejo y se nota al bajar un escalón.
Y queda algo que no se arregla con fuerza sola: que la rodilla vuelva a saber frenar, girar y caer. Eso hay que enseñárselo otra vez, despacio y con margen.
Volver porque «ya han pasado seis meses» es de las peores decisiones que se toman con esta lesión. Se vuelve por criterios, no por calendario.
En qué momento estás
El método
Cuatro fases, en este orden. La tercera es la que casi nadie hace, y es la razón por la que muchos vuelven al deporte y se rompen otra vez.
Fuerza, rango y salto, comparando la operada con la sana. Ese número es el punto de partida y la única forma honesta de saber si más adelante estás listo o te lo estás inventando.
Trabajo a una pierna, mucho cuádriceps y mucha carga progresiva. Es la fase larga y la menos vistosa, y es la que sostiene todo lo demás.
Aterrizar, desacelerar y cambiar de dirección, primero previsible y después con sorpresa. Correr recto es lo fácil: las rodillas no se rompen corriendo, se rompen al parar y al girar.
Repetimos las mismas pruebas del principio. Cuando la pierna operada se acerca a la otra y aguantas el gesto que te asusta, vuelves. Si no llega, seguimos, aunque el calendario diga otra cosa.
El reconocimiento FIT 25
Es una placa de madera y me cuesta cuatro duros. Lo que marca sí vale: veinticinco sesiones es el punto en el que entrenar deja de ser un intento y pasa a ser algo que ya haces. Estos son algunos de los que han llegado.






¿Vas a por la tuya?
Veinticinco sesiones empiezan por una que no te cuesta nada.
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Antes de escribirme
No. La rehabilitación de una rodilla operada la llevan tu cirujano y tu fisioterapeuta, y ese orden no se salta. Lo mío empieza donde termina lo suyo: cuando ya andas sin dolor y te han dado el alta, pero todavía no puedes correr, girar ni frenar con confianza. Eso es readaptación, y son cosas distintas. Si vienes con la herida reciente o con dolor sin diagnosticar, te mando al fisio antes que a mí.
Normalmente cuando tu fisio te da el alta o está a punto, y siempre con su visto bueno. Muchos clientes solapan las dos cosas unas semanas: él sigue con la rodilla y yo empiezo con la fuerza del resto de la pierna y del otro lado. Lo que no hago es empezar por mi cuenta sin saber qué dice quien te ha operado.
No va por calendario, va por criterios. Volver porque «ya han pasado seis meses» es lo que hace que mucha gente se vuelva a romper: el tiempo cura el injerto, pero no devuelve la fuerza ni el control que tenías. Aquí se vuelve cuando la pierna operada se acerca a la otra en fuerza y en salto, y cuando eres capaz de frenar y cambiar de dirección sin pensarlo. Eso lo medimos, no lo estimo a ojo.
Sirve, y a veces importa más. Sin cirugía, la estabilidad de esa rodilla depende todavía más de la fuerza y del control que tengas alrededor. El plan es parecido, con más peso en el trabajo de control y en enseñarle a la rodilla a aguantar los gestos que la ponen en compromiso.
Es la parte que más gente se salta y la que más frena. El miedo no se quita hablando: se quita metiendo el gesto que te asusta poco a poco, con margen, hasta que tu cabeza vuelve a fiarse de esa pierna. Lo normal es que la rodilla esté lista antes que la confianza, y por eso el trabajo no termina cuando los números cuadran.
No. Llevo a tu casa mancuernas, kettlebells, gomas, cajón y esterilla, que es prácticamente todo lo que se usa en una readaptación de rodilla. Con dos metros por dos vamos sobrados. En la última fase, cuando toca correr y cambiar de dirección, salimos a un parque, una pista o el paseo marítimo.
Soy graduado en Ciencias del Deporte con máster en readaptación de lesiones. No soy fisioterapeuta ni médico, y lo digo en todas partes porque la diferencia importa: yo construyo la pierna que después aguanta, no trato la lesión.
40 € la sesión individual, o 35 € cada una con el bono de diez, con material y desplazamiento incluidos. No hay matrícula ni permanencia y la primera valoración no se cobra. Una readaptación de LCA no se resuelve en cuatro sesiones: cuenta con meses, y por eso casi todo el mundo va con bono.
Te escribo en menos de 24 horas para cuadrar la valoración. Miro cómo te mueves, te digo qué creo que está pasando y si puedo ayudarte.
40 € la sesión, 35 € con bono de diez · Material y desplazamiento incluidos · Sin matrícula ni permanencia
Primera valoración gratis